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04 Ritmo y pulso.

El pulso es el motor interno de la música. Con un poco de imaginación lo podemos comparar con los latidos del corazón. Es igual de regular y cualquier variación que nos lleve a más rápido o más lento tendrá el mismo efecto que si nuestro corazón se acelera o se relaja.

Para referirnos a él en Música empleamos el término Tempo, una expresión italiana que sustituye a otra más ambigua que se emplea algunas veces: el aire.

Realmente hay dos posibilidades con el tempo: tempos rápidos y tempos lentos.

El ritmo son las distintas duraciones de las notas musicales y que emplean el pulso como un casillero vacío en las que colocarse.

Veremos en esta unidad cómo son y cómo se interrelacionan.

En esta unidad aprenderemos:
  1. El pulso es la regularidad de la música. Son las casillas vacías donde colocaremos el ritmo de las notas.
  2. Suele ser estable a lo largo de la pieza, pero podemos cambiarlo, acelerarlo o decelerarlo.
  3. El Tempo de una pieza puede ser rápido, medio o lento. Emplearemos expresiones italianas para definirlo, así como marcas de metrónomo.

El pulso: latido de la Música.

Podemos comparar la pulsación con los latidos del corazón o con los relojes al marcar regularmente el tiempo. 
Los latidos de nuestro corazón suelen ser regulares como un reloj. 
Si tiene que acelerarse por algún motivo, por ejemplo cuando te pones a correr, sufre una aceleración progresiva. 
* El pulso de la música e
s el motor que mantiene a la música en su regularidad. Es un casillero vacío donde vamos a colocar las notas, al estilo de un cajón clasificador en el que colocamos distintos objetos.

* Normalmente es estable a lo largo de la pieza, pero puede cambiar 
a lo largo de una pieza y puede hacerlo de manera progresiva (acelerándolo o decelerándolo) o de manera brusca y repentina.
 
 
 

El Tempo.

El pulso genera un movimiento o “tempo” que 
puede ser rápido, medio o lento

* Para referirnos a él empleamos una serie de expresiones italianas o una marca de metrónomo, que se especifica con una figura rítmica a la que asociamos el número de pulsos por minuto que debemos hacer para tocar la pieza a ritmo óptimo. 

* Un metrónomo es un artilugio que mide regularmente el pulso con una manecilla que se balancea a derecha e izquierda produciendo un “clic” característico. Ese sonido se llama claqueta y ayuda a los músicos a ensayar.

Pulsos y ritmos cambiantes.

Los compositores han tratado de ser creativos con el pulso y el ritmo, pero el público no siempre está acostumbrado a ritmos demasiado cambiantes y disfruta más de lo que ya conoce que de cualquier novedad. Aún así los compositores procuran construir sus obras de forma original incluso siguiendo el mismo estilo que los demás. 
No obstante, que el músico sea capaz de tocar partes con compases irregulares y ritmos cambiantes, suele ser considerado prueba de su maestría.

EJEMPLO DEL MONARCA BARROCO. Imagínate que eres un monarca de un país europeo del Barroco. Tienes que bailar tu sólo con tu consorte y llevas encima un buen montón de kilos en ropajes y joyas. ¿Te gustaría tener que dar saltitos y seguir un ritmo incomprensible? ¡Posiblemente mandarías al calabozo al compositor y a los músicos!

Aceleración y deceleración del pulso.

Cualquier cambio en el ritmo es muy llamativo y puede servir para adaptarse a la complejidad de la actividad humana, como las canciones de trabajo. Resulta más amena cualquier tarea si hacemos coincidir los acentos de la música con los movimientos repetitivos de un oficio artesano o manual. U
na canción de trabajo se adapta a la complejidad de la actividad humana y ayuda a que la tarea sea más llevadera.

* Acelerar o ralentizar una obra tiene fines expresivos, ya que es muy llamativo cualquier cambio en el ritmo. También sirve para adaptarse a la complejidad de la actividad humana. Toma por ejemplo las canciones de trabajo. Si haces coincidir los acentos de la música con los movimientos repetitivos de un oficio artesano o manual verás cómo la tarea es más amena. Esto lo hacían los panaderos, los labradores en periodo de siega, los recolectores de productos agrícolas y también los obreros que ponían las vías ferroviarias en Norteamérica. No sólo marcaban el pulso de su martilleo con una canción repetitiva, que fue el germen del folclore de aquel país, sino que ralentizaban su canto para que una nueva vía se incorporase y luego retomar su ritmo.